23.7.26

Si quieres...

  1. Enamórate, pero sólo durante esta noche
  2. Busca a alguien que esté en tu mismo nivel de alcohol
  3. Que nada de lo que él haga te afecte
  4. No eres la maestra de nadie
  5. Hazle sentir especial, porque lo es, al menos durante esta noche
  6. Evita tu propia casa
  7. Vete antes de que te echen
  8. Usa siempre condón
  9. Disfruta, es sólo una noche
  10. Sé siempre tú

Ocho plantitas

No recuerdo su nombre, pero no me hace falta para recordarlo como una de las noches más satisfactorias de mi vida sexual.
Había llegado al bar de siempre aún sabiendo que las posibilidades de encontrar a alguien conocido en esas fechas era un poco difícil. Iba sin dinero, pero contaba con una copa regalo del camarero y subir caminando hasta casa no me importaba mucho.
Llevaba un vestido negro y rojo sobre unos pantalones blancos. El bar estaba extrañamente lleno y aún así no ví a nadie conocido. Mientras me terminaba mi ron con piña, apareció un tío que aunque me sonaba, nunca había hablado con él. Se me acercó y me dijo: "¿Nos tomamos otra en otro sitio?". No tenía nada mejor que hacer, y él no estaba nada mal, flaquito, con rastas hasta mitad de la espalda, cara angulosa, así que respondí que sí, arriesgandome a lo que pasara.
Le pregunté a donde quería ir cuando estábamos a media manzana del bar. Me dijo, "Bueno, no sé, ¿te apetece que vayamos a mi casa?". Solté una carcajada, aunque sabía que terminaríamos en su casa, esperaba al menos pasar por un par de bares antes. Pero tampoco me resistí mucho.
Me llevó hacia su coche, la furgoneta de la empresa. De camino me contó que había grabado y doblado películas porno. Que durante varios años había estado viviendo el sueño del consumismo y que después de haber viajado a África se había dado cuenta de que las cosas en el mundo están más jodidas de lo que la tele nos enseña. Tenía labia, sabía de lo que estaba hablando y me gustó.
Llegamos a su casa, zona céntrica de la ciudad y cercana a uno de los sex shops más visitados. Vivía en un ático, un pequeño baño, una jaula con el conejo más bonito que he visto en mi vida (he visto pocos, pero este era precioso), dos ordenadores, decorado de vaca por la mesa y en la persiana, una cocina inmunda (casi tanto como la mía) y una gran terraza. Abrió la puerta y de la mano me sacó fuera. Me encontré en una selva, ocho grandes plantas de marihuana. Me explicó: "Esta es de México, esta es de Jamaica, esta es de las semillas del año pasado". Me cortó un cogollo de la planta más cercana y lo metió en el microondas mientras preparaba las bebidas.
Mientras yo preparaba el primer porro, él salió a la terraza. Terminé de liarlo y él no volvía, me acercé a la terraza, se estaba metiendo una raya. Me ofreció. Yo no lo había probado y estaba servida con los porros, así que pasé. Volvimos a la habitación, seguimos fumando, hablando y bebiendo. Me contó que quería montar una ONG para mostrar esas noticias que no nos llegan por no ser "actualidad", me encantaría poder ayudarlo. A lo largo de la noche, él se metió otra raya y a mi me puso cachonda. Me besó. No recuerdo el beso. Recuerdo cómo me comió el coño. No es de las cosas del sexo que más me agraden, pues me convierten en un ser pasivo, no sé que hacer con las manos. Pero, superando la vergüenza, le dejé hacer.
Busqué la cámara, había un montón de cajas tapadas con una manta, pero no encontré por ninguna parte algún agujero para el visor. Y aunque hubiera cámara, lo único que cambiaría es que le habría pedido una copia de la cinta.
Se la chupé, adoro chupar pollas, sé que lo hago bien. Pueden decirme mentiras, pero las caras no engañan. Después follamos, como dos desconocidos, disfrutando el momento y buscando el placer egoísta, que es la mejor forma de follar.
Para dormir me puso Imagine, de Lennon. Por la mañana me acercó a mi casa con la furgoneta. Cogió mi número y prometió llamarme cuando fuera a recoger la cosecha. No me llamó, pero no importa.
He tenido de todo. Desde relaciones de una noche con tíosde los que no recuerdo ni el nombre, hasta relaciones de amor verdadero, pasando por el sexo telefónico o vía cámara web. De pocas de ellas me arrepiento y de esas no pienso hablar. Con la mayoría he repetido. No he dicho nunca que no a una nochede sexo. Soy multiorgásmica, disfruto con ello y siempre aprendo cosas nuevas.
He recibido alagos, he dicho "Te quiero" en momentos poco oportunos, he sentido vergüenza, he tenido que adecuar mi forma de hacerlo, he sido infiel, nunca he tenido sexo con una persona a la que no entendiera, he fingido orgasmos, he tenido que reprimir orgasmos, mi madre me pilló con el culo al aire,

Mister I.

Mi amiga, su ex novia, me dijo "Haz lo que quieras con él, pero no te enamores". Así lo hice, segura de haber encontrado al amor de mi vida y haberlo perdido, sabía que lo más que conseguiría con Mister I. era aprender mucho de sexo y de política. Me habían hablado tan bien de él, que incluso tenía miedo de quedar en mal lugar.
Con los hombres siempre me pasa, o me creo maestra o me creo alumna. Pero las apariencias engañan, con él fui de alumna y me falló la táctica.
Habíamos estado en el bar donde el trabajaba hasta las siete de la mañana, fumando porros y bebiendo, él, cerveza, yo, ron con piña. Habíamos hablado de política, de la guerra, de las amistades comunes... Ya era hora de ir a dormir. En la esquina donde se separaban nuestros caminos, me dijo "¿Te vienes a tomar la última?". No. Ya estaba demasiado borracha. "¿Un café?". No. Ni entonces ni ahora soporto el café. "¿El último porro?". Sí, a eso no le digo que no.
Me gusta el sexo, ¿cómo negarlo después de lo que ya he ido poniendo por aqui? pero odio los preliminares, ese momento de no saber muy bien qué es lo que va a pasar.
Se puede aprender mucho de un tío por la forma de moverse en la cama, con él no. Después del primer porro empezamos a besarnos. No me gustan los besos en la cama, al menos no con alguien que realmente no conozco. Sobretodo los babosos, y para mí esa clasificación se aplica a casi todos los hombres. Estaba demasiado drogada para recordar con detalle todo lo que pasó. Sólo sé que me sorprendió lo pasivo que resultaba en la cama. Se apropió de la cama y no me dejó mas alternativa que llevar el ritmo. Cuando dos pasivos se encuentran en la cama, alguno tiene que tomar el papel de activo, y esa vez me tocó a mí. Que pereza... Además, tenía una extraña atracción por el sexo anal. Tampoco se esforzó mucho en conseguirlo, supongo que fue porque ambos estábamos tanteando el terreno.
Apestaba. Siempre me olvido de ese detalle cuando pienso en él. Pero todos tenemos nuestros defectos, supongo que por eso no se lo tengo muy en cuenta.
A eso de las diez me llamaron, una amiga. Quedé con ella para un rato después.
De él sí que recuerdo el nombre y el teléfono, hemos quedado algunas veces más, pero eso me lo guardo para próximos post.
Respecto a lo de enamorarme, sólo caí en ese sentimiento cumpliendo el punto 1. de mis mandamientos, aunque nunca pude evitar pensar en él al día siguiente.

Cellini

No está tan mal ser la última de la fiesta. Aquella noche, M. y yo habíamos estado poco sociables, metidas en nuestra nube mientras Él se preguntaba por qué M. no le hacía caso. En algún momento de la noche, debí sacar mi libreta negra, aún no sé muy bien para qué, y mientras nuestra conversación buscaba temas vanales, nos escribíamos mensajes ocultos que por inexperiencia no supe captar. Se nos acercó Cellini. Su presencia no había pasado desapercibida para M., y yo, despistada por naturaleza, no me fijé en él hasta que M. lo dijo. Camarero de uno de los bares de la zona, lo conocíamos de vista. Nos habló como si nos conociera, dibujó en mi libreta. Sonreía como a mí me gusta, con toda la cara, con los ojos. Como método de autoprotección, M. lo aceptó en el grupo. Llegado el momento de irnos del bar, Él me preguntó qué pasaba, no supe responderle. Terminamos los tres hablando de filosofía universal con una botella de cerveza y porros en una plaza a las cuatro de la mañana. Me quería ir, pensé que sobraba, pero M. me lo impidió. Amanecía cuando dejamos la plaza, acompañamos a M. hasta su casa y él y yo seguimos hacia nuestro barrio. Resultó que vivía a pocas manzanas de mi casa. No recuerdo si hablamos o no, supongo que sí, que diríamos muchísimas chorradas, pero ahora ya no importan. Al llegar a su portal, me invitó a subir, a que me tomara una copa, un café o un porro. Sí, porro sonaba bien, peli y porro, buen plan para una mañana aburrida. Me esperaban en casa a las diez, pero tenía tiempo. Se fue al baño y se puso unos pantalones para dormir, dejando a la vista un torso moldeado y definido. Una peli de submarinos, el primer porro, la cama preparada. 'Ponte cómoda' me dijo. 'Ya estoy cómoda'. Su pie rozó el mío. Dudé, pero las cosas estaban muy claras, no había más que lanzarse y aprovechar la noche. Lo besé, me acarició por encima de la camiseta, recorrió mi espalda. Cuando metió la mano por debajo de la camiseta y acarició la parte baja de mi espalda me derretí. Me coloqué encima suyo, acariciándole el cabello, deliciosamente suave. Me quitó la camiseta, pero al llegar al sujetador, no encontró el enganche, era un sujetador deportivo, así que lo ayudé, me lo quité yo misma. A media luz, vi su cara de sorpresa, 'joder' dijo '¡qué tetas más bonitas!' Fue la primera vez en mi vida que me sentí a gusto con mi pecho. Y se lo hice saber. Busqué mi placer en el suyo, esforzándome en comprender qué quería, qué le gustaba y cómo proporcionárselo. Y funcionó. Todo el placer que logré proporcionarle, me fue devuelto en el momento de la penetración. Tuve uno de los orgasmos más largos que recuerdo. Cuando acabamos, me lié otro porro, al poco se quedó dormido. Me vestí sin encender la luz, dejándome atrás las bragas y el sujetador y me fui sin despertarlo. Llegué a casa a las diez y diez. Ya me estaban esperando.

Totoro

Hace años decidí dejarme de chorradas y no volverme a enamorar de mis polvos de una noche. Pero esta vez no funcionó, el encoñamiento no se me ha ido por la mañana, ni después de la ducha. Quizás porque ha sido uno de los polvos que más me he tenido que currar. Hasta el punto de la desesperación. Meses buscando esa noche, y la conseguí llorando, lo cual no me deja en muy buena posición. Había demasiada mierda en el ambiente, me frustré y me eché a llorar agarrada a su chaqueta, él me abrazó muy fuerte, apoyando su cabeza sobre mi hombro. No sé, creo que lo mal interpreté, malinterpreto sus gestos porque no puedo comprenderlo o quizás porque quiero algo más. Nos acostamos juntos, me esforcé en complacerlo, como siempre. Todo fue como debía ser, por la mañana me invitó a desayunar y me acompañó a la parada. Nos hemos vuelto a ver a menudo, pero quiero algo más que él.
Realmente, a veces es mejor no revolver aguas pasadas. Nos conocemos desde hace años. Me dijo "Intento comportarme contigo como soy ahora, pero me siento como cuando tenía 16 años"... Lo peor es que yo lo sigo viendo como el chico que quise con 16 años.

Mi experiencia con inexpertos

Una de las preguntas recurrentes de los test de pureza es ¿con cuantas personas vírgenes has tenido sexo? Quizás para los hombres sea algo importante. Para mi han sido las relaciones más raras. A ningún hombre le gusta reconocerlo. Se comportan como les parece que tendrían que comportarse, como han visto en las películas, como se han imaginado que sería la primera vez. Tocan allá donde creen que tiene que tocar y con el ritmo que esperan que te guste, al fin y al cabo, no hay sino una primera vez, así que hay que currarselo para dejar un buen recuerdo. Quizás hasta esperan que haya la música perfecta, aunque a tí no te guste y no comprendas una palabra cuando te dicen los datos del grupo.
Mi primera vez fue horrible. Me sentí presionada para hacer algo que no me apetecía en realidad y aunque el tio estuvo buscandome durante meses, él no me atraía y tenía la ligera impresión que yo a él tampoco. Un día, unos cuantos nos reunimos a comer juntos. Entrábamos de nuevo a clase en un par de horas y no nos daba tiempo a ir a comer a casa. Una parejita, él y yo. La chica dijo "hace tres semanas que no lo hacemos. ¡Qué ganas!". Él utilizó la frase como reclamo, "ves, ellos ya lo hicieron". Lo hicimos en mi casa, mis padres trabajan y yo me quedaba horas sola en casa. Me dolió. Lo pasé muy mal. Supongo que aún no era el momento. Nunca me dijo "te quiero" ni yo a él, por supuesto. La última vez que nos vimos, noté que buscaba lo mismo que siempre, pero esta vez no le di la oportunidad. Supe que había crecido en el momento que fui yo quien decidió con quién y cuándo quería hacer el amor.
Ahora me esfuerzo en la empatía, comprender al otro y ayudarle a buscar lo que desea. Pero hay una cosa que no les puedo dar, la estabilidad.

Mi inexperiencia

Ya conté en el anterior post que mi primera vez no la recuerdo como algo agradable. No sé muy bien cuando dejé de ser la adorable niñita para convertirme en el polvo fácil, quizás tengo que asumir mi gran parte de culpa, nunca fantaseé con una primera vez de película romanticoide, bueno, nunca fantaseé con una primera vez.
Prefiero las amistades con hombres que con mujeres, las mujeres me intimidan, y en el colegio me relacionaba más con los chicos que con las chicas, hablaba de futbol aunque solo fuera para tener tema de conversación en el autobús, nunca aprendí a hacer el pino, el pino-puente ni ninguna de esas cosas. A los trece me besaron por primera vez, con mi mejor amigo, Y., por una apuesta, en el piso de la playa de mis padres. Besos durante meses, descubriéndonos poco a poco cada uno en nuestra inocencia de amigos. Cada vez que dormíamos juntos, ya fuera en su casa o en la mía, terminábamos en la misma cama, besándonos, explorándonos.
Mi vida sexual siempre ha sido bastante extraña, no sé decir que no. A nadie, ni siquiera a los indeseables. El señor P, un compañero de clase llevaba meses viniendo de vez en cuando a mi casa, a ver si podía convencerme para acostarme con él. Tampoco él me ofreció amor, solo sexo.
Poco a poco, lo fue consiguiendo, no supe decirle que no. Poco a poco me fui pervirtiendo, les dejaba hacer, uno algunas tardes y el otro algunas noches. Y así pasaron los meses.
Encontré un condon, no sé si se lo robé a mis padres o lo regalaban con una revista, pero lo guardé en mi caja prohibida con el paquete de tabaco que nunca fumé y las cartas de amor que nunca envié.
Una noche estaba Y. en casa, habíamos estado jugando y me levanté a buscar el condón. Se lo ofrecí, pero me lo rechazó. Con Y, nunca pude usar condón, él no quería perder la virginidad conmigo, supongo, pero lo hizo, la perdíó conmigo, y yo nunca lo busqué, él era mi amigo, no hacía falta buscarlo, siempre terminaba apareciendo él.
Algunos dicen que estaba enamorada de él, no es cierto.
No puedo precisar con quíen perdí la virginidad, nunca consideré que fuera una fecha para apuntar en el calendario.
Quizás no me guste mi primera vez, pero sin Y. y el señor P. supongo que no sería como soy. Quizás les deba un polvo... bueno, no.

Sade?

-Anda, Sade!
Entre los viejos libros de mi padre había encontrado un viejo libro del marqués lleno de polvo y sin aparentes marcas de lectura. Hace algunos años leí por casualidad y curiosidad "La Filosofía en el Tocador" y quedé encantada, vale que es un panfleto, pero tenía algo totalmente perverso que me atrajo.
-A mi no me gusta -dijo mi madre tumbada en la cama detrás de una gruesa novela de ciencia ficción.
En casa el concepto de sexualidad nunca ha sido un tabú, desde pequeña me fijé en esos libros rosa con una foto triangular de una boca, colocados a una altura poco prudencial.
-¿Por qué? -dije ojeando el libro.
-Me parece poco real.
Quizás los personajes de Sade no sean realistas, quizás las mujeres no actuan como dice el marqués, pero yo sueño con una velada en el tocador, donde caiga el miedo y se disfrute de forma infinita. A veces lo consigo y llevo a mis parejas a placeres que no esperan de mi, pero quizás mi madre tenía mucha razón con su explicación y no estamos preparados para una sesión del marqués. Yo lo seguiré intentando.

El otro día.

Él me masturbaba, primero suavemente apenas un roce, acariciando el clítoris y los labios. Entonces me penetró, metió su dedo dentro de mi vagina mientras con el pulgar seguía acariciando el clítoris. Los orgamos así son impresionantes, se pierde la percepción de lo que ocurre alrededor. Luego empezó a acariciarme el ano, por petición mia, metió la cabeza entre mis piernas y me hizo un beso negro, abriéndose camino con su lengua antes de meter el dedo, aunque no sé si fue uno o tres o todos, por todas partes. Yo lo único que sé es que me sentía completa, que todos los puntos de placer estaban cubiertos. Me sometí a él, rendida a sus pies para que hiciera lo que quisiera. Cuando me corrí, me atrajo hacia su cuerpo, dejando la cabeza a medio palmo de su polla, pero sin forzarme a cogerla. Después de recuperar el aliento, me centré en su polla: una mano en los huevos, la otra en la base y con la boca centrándome en la punta. Él me cogía del pelo, con suavidad, pero firme para que no me escapara. Con una de las manos empezé a acariciarle el ano, movimientos circulares y suaves. Es la mejor forma. Con la otra empezé a masturbarme, como me enseñó a hacer él. Con la lengua, jugaba, ahí donde sé que le gusta. Llegamos al orgasmo juntos, se corrió en mi cara. Luego me atrajo hacia su cara, me besó y nos quedamos abrazados. Me dormí con su semen sobre mi cara.
Sometida a él.

Polvo psicodramático

El tamaño importa, sí. A mí, las grandes me dan miedo. Mi último polvo de una noche, un muchachín algo menor que yo y con una polla de esas que no me caben en la boca, pelo largo y los ojos más bonitos que he visto en mucho tiempo. Nos hemos acostado un par de veces, pero se ha convertido más en un amigo que en un polvo, compartimos nuestras penas hasta que el amanecer nos invita a la cama. El viernes pasó la noche en casa, comenzamos con música, un par de porros y una cerveza por cabeza. Y me explicó un juego, el psicodrama. Cada uno coge un rol y lo interpreta en primera persona. Después de un corto paseo por un parque, terminamos metiéndonos en un local oscuro con una puerta trasera que daba a una mansión del sexo. Recorrimos nuestras fantasías, desde mi faceta sadomasoquista hasta la suya de mirón. Acabamos follando con la palabra en una sauna mixta, acompañados y ayudados por una chica que describí como la chica de mis sueños.
Quizás era una forma novedosa de llevarme a la cama o quizás descubrimos juntos el poder del
sexo oral, pero estoy convencida de que el polvo que siguió a continuación no habría merecido el esfuerzo de un análisis sin el polvo psicodramático que lo acompañó en el principio.
Aquella

Conversaciones desde la azotea

Esperábamos a una amiga, pero quizás no llegaba. Sobre nosotros, la noche de luna llena, la primera que pasaríamos en aquella azotea. Él estaba de pie, con la luz de las velas

ceporro

Aquella noche tenía ganas de carne, de sexo sin nombres ni detalles, sexo egoísta

una noche muy larga

q estraño es el poder de tus palabras en mi descanso nocturno, me erizan la nuca, me acarician como pequeños dedos eléctricos, poseedoras de una sutil familiaridad.

una palabra tuya me transporta a mil instantes únicos, calles de barcelona, paisajes de mar y montaña; a caídas de imperios y barrocas enfermedades.

a cosas vanales: carteles de panaderías, conversaciones en noches frías y en cálidas tardes.

a sábanas empapadas en sudor, placer -y otros.

a unos cálidos dedos, electrificantes, conocidos y conocedores, una lengua precisa como una flecha que retiembra mi consciente.

tus palabras me sirven de consuelo y alivio, me invitan a reunirme con ellas y formar un pequeño ejército para batallar en campo abierto, sin más reglas q las del caos.

gracias, tribuno, por la tormenta de plasma que me acompañó toda la noche

y con la tormenta tan cerca

cada susurro q me mandas es un rezo de alivio
una caricia eléctrica q se salta las restrucciones de las distancias
un deseo consedido, un escalofrío q me recorre la espalda
sin compasión.

un suspiro tuyo, tribuno, me estruja el estómago
se apropia de mi alma, de mis dedos y de mi razón
rompes mis esquemas...

tus murmullos en la oscuridad de la noche suplen
tus manos lejanas que busco desesperada
en el gran abismo de tu lado de la cama
viejo abismo, mil veces sea maldito
me dan fuerza y me calman
me tranquilizan y me exitan
son un subidón de adrenalina, un orgasmo
tus murmullos

son tus palabras, q me poseen
q me derriten
deja que me derrita en tu voz
como lo hice antes en tus brazos

quiero perderme en tu pecho
Existen tantas palabras, que debería ser posible. Tengo a mi disposición todas las letras con sus infinitas combinaciones y sin embargo....
... y sin embargo, no soy capaz de decirte ni la mitad de lo que te diría con un sólo beso.

Queria ser etérea, sutil
quería ser una sonrisa cómplice, nunca silencioso aparte
me lo preparé, lo reconozco, hubo un poco de mascarada,
juego o teatro,
con buena intención, reconócelo

Una ligera duende eléctrica, pequeña chispa explosiva
dentro de tu bolsillo
dispuesta a escaparme en este bosque de cables
sólo para darme el placer de que me encuentres
sobre un mullido sofá
de enredadera y musgo
incluso medio vestida
rendida para ti
a tus más deliciosas fantasías,
déjate llevar por ese deseo
-placer, lujuria, dolor
para poder terminar de perdernos juntos
Señorita:
¡Cuánto quisiera que fueses menos hermosa para que yo sea algo más dichoso!
Todo mi tesoro está en la torre de Minerva, pero tu apostura golpea el sentido como un rayo sobre sobre la piedra, capaz de tocar a aquella hermosura de la que todas son emblemas.
Me retiro a los huecos de mi conciencia, allí donde no debiera llegar la razón ni la moral, en la úlcera de la identidad de donde emana la sangre del tiempo, que se niega a perecer cuando la muerte clava en su vacío su pálido estandarte; efímera encaramada a lo eterno, hiedra que al descomponer la mansión de Dios cree construir su divinidad.... Todo esto fuera invento si tu fueses del linaje de la invención, o tendría el defecto de ser verdadero si tu no insinstieras en la perfección de permanecer inexpresada.....

Te desea por tu belleza quien no puede amarte por tu fugacidad, A.
buscando, desesperada, un castigo masoquista para acortar las distancias
Solamente una conchita que se mece sobre las corrientes
liviana, perdida y fuera de lugar
hay momentos, como esta noche,
que la tormenta se desata y no dejo de hundirme y volver a flotar
tus manos me arrastran, me tocan y me despellejan
una caricia, un arañazo y un beso para hundirme de nuevo

Me dejo mecer mientras la lluvia estalla
las nubes, allá en lo alto, tan lejos
estallan, se pelean hasta descargar con una cortina de luz
luz eléctrica, azul, aterradoramente cerca

Y con tu ayuda, me elevo en el cielo
vuelo entre presiones y atmósferas
subo con el aire caliente, hasta sobrevolar la tormenta

Entretanto, me disculpo

Esta noche voy a dormir pensando en ti, tribuno. Tu pequeño centinela vigila el sátiro castigo. Dormiré con las rodillas bien apretadas y con mi pecado en la consciencia, esperando ser absuelta. Y será el placer mi mayor penitencia y el dolor, un aliado, un suspiro que acompaña el extasis. ¿Qué será lo que me das, tribuno? No logro dejar de buscarte en mis sueños más húmedos, en las tormentas más solitarias. Y llegaré al orgasmo varias veces en mis húmedas pesadillas, con las culpas asumidas y purgadas, limpia, hasta la próxima vez que tus labios vuelvan a pronunciar esas palabras malditas que me embrujan y juegan a su voluntad con mi más dulce inocencia.

Y así acaba todo

Al final, este blog era para tí, tribuno, un escaparate de cuentos y realidades que, aunque nació con intención privada y anónima, sabía que ibas a leer. Un lugar para intentar hacerte volar y recordar una parte de lo vivido. Y me parece que esta será la última entrada de este diario que he mantenido sobre nosotros. Será lo que pasa cuando se rompe el "nosotros".

vivite tribuno

¿por qué no podemos evitar hacernos daño? ¿por qué no somos capaces de tranquilizarlos y pensar un poco antes de herirnos como lo hacemos? Pensé que avanzábamos, pero entre que yo tiraba y tú te enraizabas se rompió todo, y me he quedado cubierta de ti. En algún momento me dejarás de extrañar y eso me da un miedo terrible

por aquí y por allá

amodorrada a la gran botella de Coca-Cola repaso mi vida y no hago más que soltar gruñidos en el desierto. Me quiero despedir de alguien muy importante y como siempre que me toca despedirme de alguien, lo hago con respeto. Cuantas veces habré realizado este trámite de limpieza, siempre con la certeza de que no hay chance para el reencuentro. Pero ahora es alguien demasiado importante. Sí, reconozco que esa frase también la he dicho muchas veces.